Un hombre en Noruega fue multado con 50.000 coronas, unos US$ 5.300, por despertar a un oso polar en el archipiélago de Svalbard, ubicado en el océano Ártico. El responsable hizo sonar una sirena antiniebla, un dispositivo sonoro de tono grave que normalmente se reserva para advertencias marítimas, lo que fue considerado una acción perjudicial para el animal.

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Este jueves, el gobernador de Svalbard ordenó la imposición de una multa a un hombre que a principios de agosto viajaba a bordo de una embarcación en un fiordo de la región. Según las autoridades, tras divisar al ejemplar descansando en la orilla, la persona hizo sonar intencionadamente la estruendosa alarma, provocando que el mamífero se sobresaltara y tuviera que desplazarse hacia otro sitio.

Leyes de protección y restricciones de distancia

La severa sanción económica se enmarca dentro de las estrictas leyes de protección ambiental vigentes en las islas, las cuales prohíben de manera drástica perturbar, atrapar o perseguir innecesariamente a estos animales. La normativa también impone límites de distancia rigurosos para los navíos y visitantes, prohibiendo acercarse a menos de 300 metros de un espécimen entre julio y febrero, restricción que aumenta a 500 metros durante la etapa de apareamiento.

El incidente adquiere particular gravedad debido al estado de la especie en este período del año. Durante los meses estivales, al disminuir la capa de hielo marino y escasear las fuentes de alimento ricas en calorías, los osos suelen recurrir a largos periodos de reposo para conservar energía. Especialistas en conservación advierten que alterar su descanso en esta etapa genera un desgaste calórico innecesario que impacta de forma directa en su supervivencia y capacidad reproductiva.

Impacto en la conservación de la fauna local

El infractor aceptó la penalización impuesta por el gobernador Lars Fause, sumándose a una serie de multas recientes dictadas por las autoridades de Svalbard para desincentivar comportamientos de acoso hacia la fauna salvaje, en un esfuerzo por proteger a los aproximadamente 300 osos polares que habitan permanentemente el archipiélago.